Los diarios españoles se columpian en el abismo.

La prensa española está muy atrasado en su transición digital, lo que la coloca muy cerca del abismo, cuando sus ingresos por publicidad tradicional están en caída libre y su difusión retrocede sin cesar. Están muy descapitalizadas para acometer su reconversión, el Estado no ayuda y los principales gestores son los mismo que pilotaron los años de bonanza de la era industrial.

Los 78 diarios que aún se editan en España han visto como el año pasado volvían a contraerse sus ingresos publicitarios, la base de su economía. Su facturación por este concepto se quedó en torno a unos 550 millones de euros (-15%), de los que unos 84 millones corresponden a publicidad digital (+6%). De esta última cifra, unos 34 millones son de los dos líderes, «El Mundo» y «El País», con lo que 76 cabeceras deben repartirse los 50 millones restantes. La publicidad tiende cada día más a concentrarse en los líderes. La difusión cae en torno al 11-12%. Otro año pues desastroso, pero lo peor es que estos resultados no son producto exclusivo de la crisis económica, sino una tendencia fuerte imparable. Cuando la economía vuelva a crecer significativamente, la caída publicitaria se moderará sin duda, pero aquellas golondrinas del 2007, con facturaciones publicitarias por encima de los 2.000 millones, esas no volverán.

Sorprende la falta de innovación de los editores patrios, cuando en EEUU y elnorte de Europa, la prensa tradicional y mucho más la digital, se han lanzado a una verdadera vorágine de cambios sistemáticos en cadena. Los españoles seguimos haciendo los mismos periódicos que antes de la crisis, solo que más politizados, mezclando sin tasa la información con la opinión y centrándose en las 14 noticias que todos repiten, desde los telediarios, la radio y los diarios. Si a esto añadimos la pauperización de unas redacciones abrumadas de trabajo, desmoralizadas y sin rumbo, el panorama es desolador.

Tan solo «El Mundo» ha innovado recientemente en su oferta digital de manera más decidida, pero como bien saben sus responsables, sus ingresos digitales, aunque crecientes, ni de lejos compensan sus retrocesos en otras partidas de su cuenta de resultados. La inmensa mayoría de la prensa de nuestros país está por debajo del 5% de facturación digital sobre facturación total. En Estados Unidos, el American Press Institute afirma que los periódicos se situaron el año pasado en el 17% de promedio de ingresos digitales sobre totales. Pero algunos grupos están en el entorno del 50% o cercanos al mismo. También pasa algo parecido con los grandes grupos alemanes, noruegos o suecos. Para llevar a cabo la transición digital con éxito hace falta músculo financiero, prueba y error, comprar con diligencia y amplio bolsillo aquellas «start up» que apunten maneras. Y un relevo mucho más que generacional entre los últimos responsables de los medios. Los editores tradicionales están dejando paso a nuevos actores, que provienen del mundo de Internet, de las finanzas de las telecos o de la industria. ¿Dónde están en España los Jeff  Bezos, los Warren Buffett, Los Pierre Omidyar, Los Aaron Kushner? ¿O más cerca, en la vecina Francia, cuya prensa también se desmorona, los Xavier Niel, Pierre Berger y Matthieu Pigasse, que acudan en socorro de los grandes florones galos como «Le Monde» y «Le Nouvel Observateur»? ¿Terminará viniendo a España algún magnate de allende de los mares?

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